
Como la mayoría de las veces, es una lástima que el cine no pueda ser más fiel a la literatura. El libro de Safran Foer cuenta la historia del pueblo de Trachimbrod desde su creación hasta su aniquilación por parte de los nazis y esto no aparece en ningún momento de la película, pero es que la complejidad creativa del escritor es difícil de trasladar a la pantalla. También es criticable, por dejar la película poco creíble, el suicidio del abuelo. En el film se suicida por conseguir escapar del holocausto y en el libro por acusar de judío a su mejor amigo. Lo primero es una suerte que conduciría a apreciar la vida, lo segundo una renuncia que nos llevaría a renegar de nuestra suerte al destaparse toda la historia.
Y dicho esto, y al margen de que el libro no existiera, nos introducimos en una película hábilmente narrada, en un road-movie de tres personajes (cuatro sin contamos a Sammy Davis Jr Jr) en busca, cada uno, de su propia salvación.
El judío (si Frodo levantara la cabeza quedaría asustado de su alter-ego) busca desesperadamente a la persona que le dió la vida, el abuelo busca reconcialiarse con su pasado y su nieto, el verdadero protagonista de la historia, huye de una vida ficticia para encontrarse con la amistad de Safran y con el cariño de su abuelo.
Además el ritmo de la película -a igual que el libro- empieza en tono de comedia y se va volviendo cada vez más dramático para denunciar el fascismo y esalzar la memoria como instrumento necesario para no olvidar la historia.
Lástima que la película -como casi todo el cine bueno- haya pasado desapercibida por cines a pesar del reclamo de Elijah Wood como "protagonista" de la misma.





