
"Cada uno da lo que recibe" dice Drexler en una canción que explica como la energía del amor no se pierde, se transforma. Pero Aristarain trata de contarnos en Roma, la historia de un escritor fugado de su país por no querer entregar su amor.
La historia hábilmente narrada desde la relación que Juaco, el protagonista, va creando con Manuel, aspirante a periodista y confidente de sus memorias, va recorriendo la infancia y la juventud de una persona incapacitada para el amor.
Ni el amor de su padre, coherente, empeñado en hacer de su hijo alguien que sepa valorar y querer a las personas, ni el de su madre (Roma, título final para sus memorias, espejo del amoR recibido y no devuelto) que es capaz de entregar todo su cariño, de confiar ciégamente en él a pesar de su pasotismo y su desesperante falta de madurez, consiguen hacer despertar en Juaco una mínima reciprocidad.
Ni incluso el momento histórico que Juaco vive en Argentina, rodeado de amigos comprometidos con una lucha social, permiten que la llama de la solidaridad se encienda en su vida. Recuerda este Juan Diego Botto en parte y en otro momento social distinto al desalmado personaje de "Historias del Kronen".
Va pasando de chica en chica y cuando cree encontrar al amor de su vida, Renee, es el detonante de su huida, no es capaz de expresar un "te quiero" y prefiero largarse a España pensando que la huída permitirá olvidarse de todo. Y con eso vive, y se hace escritor. Con ese amargor permanente en su vida (que ni pintando para José Sacristán), con la negación del resto de sus días indignos de escribirse en sus memorias, Juaco sólo es capaz de mirar atrás y recordar tanto amor no correspondido.
Acierto completo de Aristaráin, que el Juaco joven y el Manuel actual sean el mismo actor, el último podrá reconducir su vida como escritor y persona, aprendiendo de los errores del primero.
Y el final, obliga al escritor maduro a enfrentarse a sus fantasmas, a arrojar al río todo lo malo de su vida, para salir renacido y recuperado para los demás. Pero ya es tarde, ya no tiene nada que sumergir en las aguas, porque descubre que su tiempo ya ha pasado —dejando a sus padres muertos, a su amigo revolucionario asesinado y la chica de su vida en manos de otro— y por una vez en su vida, asume la coherencia, de vivir con sus errores, con su soledad fruto del amor que nunca fue capaz de expresar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario